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Tuesday, October 26, 2010

Demos respuesta de vida a la salvación que Jesús nos ofrece

Ef. 6, 1-9;
Sal. 114;
Lc. 13, 22-30

‘Lo que Dios quiere es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’, es algo que hemos escuchado muchas veces. ‘Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo único’, escuchamos por otra parte en el evangelio. Y la Sangre de Cristo derramada ‘por vosotros y por todos los hombres’, nos dice Jesús y recordamos cada vez que celebramos la Eucaristía, lo que quiere es la salvación de todos los hombres.
Es cierto que la salvación es un regalo de Dios, es gracia, porque tan grande es el amor que Dios nos tiene. Pero y ya está, y por nuestra parte ¿no tenemos nada que hacer? ¿podemos seguir viviendo nuestra vida así sin más y sin preocuparnos de nada más?
Primero que nada nuestra fe, porque el que cree que Jesús es el Señor se salvará. Pero esa fe no son sólo palabras que decimos, sino que esa fe nos exigirá unas actitudes y una nueva forma de vivir. Cuando Pedro hace el primer anuncio de Jesús en Pentecostés, la gente le pregunta que es lo que tienen que hacer, y Pedro les dice que creer en Jesús, convertirse y bautizarse en el nombre de Jesús. O sea, que por nuestra parte tiene que haber unas actitudes de fe, un cambiar totalmente la vida, convertirnos, para unirnos plena y totalmente con Jesús para vivir su vida.
Bueno, es lo que Jesús nos dice hoy en el evangelio. Iban de camino hacia Jerusalén y uno se acerca a preguntarle si serán muchos o pocos los que se salven. Jesús nos ha ganado la salvación pero nos dice también que tenemos que esforzarnos para vivir esa salvación. Es esa conversión, ese cambio, esa transformación de nuestra vida, de la que venimos hablando. Y eso no siempre es fácil, nos exige un esfuerzo, una lucha por nuestra parte.
Por eso nos dice: ‘Esforzaos por entrar por la puerta estrecha…’ y nos habla de que no todos lo conseguirán, sino que se quedarán fuera. Estas palabras de Jesús nos recuerda otros momentos del evangelio. Aquellas doncellas que no tuvieron la lámpara encendida porque se les había acabado el aceite. ‘No os conozco… no sé quienes sois…’ Es lo que ahora escuchamos decir a Jesús.
En otro lugar nos dirá que no basta decir ‘Señor, Señor…’ sino que es necesario cumplir la voluntad del Padre. Es que yo siempre he sido bueno, he estado muy cerca de la Iglesia, no faltaba nunca… pero Jesús nos pide más, algo más profundo. Llamará dichosos a los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen, recordamos aquellas alabanzas entrecruzadas entre la mujer que alaba a María y Jesús que nos dice que la mejor alabanza es la que podemos recibir por cumplir la voluntad de Dios.
‘Esforzaos por entrar por la puerta estrecha’, nos dice Jesús. No es que Jesús quiera ponernos dificultades para que alcancemos la salvación que nos ofrece. Ya recordábamos al principio que lo que quiere el Señor es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, que para eso El ha derramado su Sangre por todos los hombres.
Pero hemos de querer vivir su Reino, y ya sabemos que muchas veces nos cuesta, porque no somos todo lo generosos que tendríamos que ser con nuestro amor, porque nos hacemos reservas para nosotros mismos cultivando a veces nuestro egoísmo, porque nos cuesta llevar el amor hasta el perdón total y generoso tal como nos perdona el Señor, porque muchas veces nos cansamos y preferimos una vida fácil y cómoda sin muchos compromisos.
‘Y vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Porque mirad, hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos’. Esforcémonos seriamente para poder sentarnos en la Mesa del Reino de Dios. Que al final seamos reconocidos por el Señor.

Saturday, August 21, 2010

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha


Is. 66, 18-21;
Sal. 116;
Heb. 12, 5-7.11-13;
Lc. 13, 22-30


No me regañes.
Seguramente que en más de una ocasión lo hemos oído cuando alguien tiene que decirnos algo que quizá no nos gusta en referencia a lo que hacemos o decimos. No me regañes. No nos gusta que nos digan algo, que nos llamen la atención por algo.
Comienzo con este comentario, porque a ello hace referencia el texto de la carta a los Hebreos, pero también porque creo que nos puede ayudar a la actitud con la que nosotros hemos de ponernos ante la Palabra de Dios. Nuestra actitud tiene que ser humilde y receptiva. No vamos a escuchar simplemente palabras que nos halaguen. No vamos sólo a aceptar lo que me agrada, porque quizá prefiramos simplemente dejarnos llevar por lo que buenamente salga o dejarnos arrastrar por nuestros impulsos o deseos.
Siguiendo con la carta a los Hebreos vemos que nos decía que ‘el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos’. Por eso nos decía: ‘hijo mío, no rechaces la corrección del Señor… aceptad la corrección porque Dios os trata como a hijos… después de pasar por ella nos da como fruto una vida honrada y en paz’.
Ser cristiano tiene sus exigencias. El camino del seguimiento de Jesús es exigente. Creo que lo veríamos claro si nos damos cuenta que ser cristiano no es otra cosa que imitar a Cristo, vivir la vida como Cristo lo hizo, con su misma entrega, con su mismo amor. Bien sabemos hasta donde llegó su entrega, hasta donde llegó su amor. Y bien recordamos que en otros lugares nos dice que si queremos seguirle hemos de tomar su cruz para ir tras El.
Sin embargo escuchamos también que a su Reino estamos todos llamados. Ya lo decía el profeta y nos lo dice también Jesús hoy en el evangelio. ‘Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua, vendrán para ver mi gloria… y de todos los países – y nos hace el profeta una relación de distintos lugares bien distantes en el mundo antiguo – como ofrenda al Señor traerán a todos vuestros hermanos… hasta mi monte santo de Jerusalén…’ Es un anuncio de salvación universal. Todos los hombres, de toda condición o de toda raza están llamados. No se reduce a un pueblo o a una raza. Como dice en el Evangelio ‘y vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios’.
Pero, como decíamos, aunque está esa voluntad universal de salvación por parte de Dios, en el entrar a formar parte de su Reino tiene sus exigencias. Hoy nos lo dice Jesús con la siguiente imagen. ‘Esforzaos por entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán…
¿Qué significa ‘entrar por la puerta estrecha’? ¿qué nos querrá decir Jesús? Es su camino, no nuestro camino. Hay unos valores que hay que tener en cuenta, un sentido y un estilo de vivir. No se trata, como decíamos, simplemente dejarnos llevar por lo que nos apetezca, sino tratar de descubrir qué es lo que Jesús nos enseña en el evangelio.
Pasa por el camino de la fidelidad y de la fidelidad hasta el extremo, hasta el final. Nuestro sí al Señor, la obediencia de nuestra fe, tiene que ser total. No podemos andar a medias tintas. O con Jesús o contra Jesús. Es una fe, una fidelidad que tiene que hacerse vida; no es un disfraz o una vestidura externa que nos ponemos, sino que tiene que ir a lo más hondo de nosotros mismos.
Pasa por una camino de amor exigente, comprometido, no de buenas palabras o buenos deseos, sino que tiene que traducirse en gestos concretos, en unas actitudes profundas, pero también en unos actos comprometidos que expresen ese amor a los demás, en el compartir, en la búsqueda de una comunión auténtica, en un trabajo por la justicia y la paz en nuestras mutuas relaciones, también en una aceptación respetuosa del otro, en una capacidad de comprensión y en un perdón generoso. Y eso muchas veces cuesta porque fácilmente puede florecer en nuestro corazón el orgullo o el egoísmo.
Pasa entonces por el camino de saber negarnos a nosotros mismos porque lo que importa es que seamos capaces de darnos por los demás. Por eso Jesús nos habla de la cruz para seguirle. Una cruz en la superación de nuestras propias cosas negativas, como en la aceptación de aquellos sufrimientos que podamos padecer.
Esa puerta estrecha la vamos a encontrar en esas actitudes negativas que afloran muchas veces en nuestra vida y que tenemos que saber superar y vencer; en esas violencias que aparecen muchas veces en nuestras relaciones que tenemos que saber dominar; en esos caballos del orgullo y la soberbia de los que tenemos que saber descabalgarnos; en esas exigencias que hemos de saber tener con nosotros mismos para dominar una pasión descontrolado. Esa puerta estrecha está en nosotros mismos, no es algo externo que nos impongan – qué fáciles somos a echar siempre la culpa a los demás -. Es algo que tengo que imponerme yo a mi mismo.
Necesitamos coraje, humildad, caridad, sencillez, fidelidad, responsabilidad, disponibilidad. Necesitamos de la gracia del Señor. Y que poniendo todas esas actitudes buenas en la vida seamos reconocidos por el Señor. Que no se nos cierre la puerta, como nos dice hoy Jesús en el evangelio, y no nos reconozca. No se trata sólo de decir es que yo rezo mucho, es que soy cristiano de toda la vida, es que en mi familia siempre hemos sido muy religiosos. Se trata de esa respuesta personal que cada uno vamos dando a esa gracia, a esa llamada del Señor, a ese ponernos en camino, a ser capaces de pasar por la puerta estrecha.
Para que un día podamos también sentarnos en la mesa de su Reino. Ahora aquí en la tierra participando de su Eucaristía, un día en el cielo gozando de su vida eterna, de su presencia para siempre, cantando para siempre la gloria del Señor.
 

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