Showing posts with label Nazaret. Show all posts
Showing posts with label Nazaret. Show all posts

Sunday, March 27, 2011

Caminos de humildad y sencillez que nos llevarán siempre a Dios


2Rey. 5, 1-15;

Sal. 41;

Lc. 4, 24-30

No siempre entendemos que el actuar de Dios no tiene que ser necesariamente como nosotros lo queremos o lo imaginamos. Es la obra de Dios que nos supera porque ¿qué o quienes somos nosotros ante el misterio infinito de Dios? Además el amor de Dios nos desborda porque nuestro amor siempre es muy limitado, y realmente lo que tendríamos que hacer nosotros es que nuestro amor se parezca al de Dios.

Desconcierta Jesús a las gentes de Nazaret porque allí no hace milagros como a ellos les gustaría porque además en el fondo lo que quieren es llenos de orgullo poder decir que quien hace todas esas cosas maravillosas es de allí, es uno de ellos. Muchas veces por otra parte veremos a los fariseos y a las gentes simplemente pidiendo cosas maravillosas y extraordinarias y la manera de actuar de Jesús es otra. Si hace milagros lo hace movido por el amor y ya vemos cómo muchas veces incluso les dice a aquellos a los que ha beneficiado con sus milagros o sus curaciones que no digan nada a nadie.

Por eso ahora se sienten desconcertados cuando les recuerda la curación de la lepra de Naamán, que era un sirio, un pagano, mientras en Israel habían muchos leprosos en tiempos de Eliseo; o muchas viudas había en Israel y sin embargo Elías a quien atiende y beneficia es a una viuda de Sarepta de Sidón, que era fenicia. Está señalando por otra parte que la salvación que Jesús viene a ofrecer que va más allá de esos milagros que realiza, no es solo para el pueblo de Israel sino para todos los pueblos y naciones y para todas las gentes.

La primera lectura precisamente nos ha ofrecido la curación de Naamán de su lepra por el profeta Eliseo. Otro caso en el que se esperaban gestos extraordinarios y maravillosos, que le hacen dudar y protestar al leproso Naamán; como era jefe de los ejercitos del rey de Siria se creía quizá con el derecho de que Eliseo se presentara ante él para realizar esos gestos milagrosos que le curasen de la lepra.

Las cosas de Dios ni las podemos exigir desde lo que llamemos nuestros derechos humanos, ni tenemos que buscarlas siempre en esas cosas extraordinarias. Dios llega a nosotros muchas veces de forma muy callada allá en el silencio de nuestro corazón, o nos hablará a través de pequeños gestos o signos donde tenemos que con fe saber descubrir ese actuar de Dios.

Serán los siervos de Naamán quienes le convenzan de que si hubiera aceptado hacer cosas extraordinarias que le hubiera pedido el profeta, por qué no hacer esos pequeños y humildes gestos de bañarse como le pedía el profeta en el no tan aparatoso rio Jordán.

Cuando este hombre entra por el camino de la humildad y sencillez es que va a sentir ese actuar de Dios en su vida. Luego lo reconocerá y querrá dar gracias ofreciendo regalos a Eliseo que éste no acepta. Es el camino que nosotros hemos de aprender a recorrer para ir hasta Dios.

Caminos de humildad donde nos abajemos de nuestras cabalgaduras de soberbias y vanidades. Caminos de humildad y de sencillez que tienen que estar muy llenos de amor. Caminos de humildad donde abramos nuestro corazón a Dios en total disponibilidad para saber descubrir su presencia allí en lo que El quiera manifestársenos y saber escucharle y verle en esos signos y huellas que nos va dejando de su presencia. Esos serán los caminos que nos lleven a Dios.

En el salmo decíamos ‘mi alma tiene sed del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?’ Por esos caminos del amor, de la humildad, de la sencillez y de la pobreza podremos acercarnos a Dios y podremos conocer a Dios. Purifiquemos nuestro corazón de todo orgullo y soberbia para poder conocer a Dios, para poder saciarnos de Dios.

Friday, March 18, 2011

En san José aprendemos a vivir la pascua, el paso de Dios por nuestra vida


2Sam. 7, 4-5.12-14;

Sal. 88;

Rm. 4, 13.16-18.22;

Mt. 1, 16.18-21.24

‘Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza… por lo cual le valió la justificación’. La lectura del apóstol hace referencia a Abrahán con su fe y su esperanza en esta fiesta de san José que estamos hoy celebrando.

Una fiesta entrañable y llena de gozo el celebrar a san José, el esposo de María, el padre putativo (así solemos decir no encontrando mejor palabra que lo exprese) de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, patriarca y patrono de la Iglesia universal.

Bien nos refleja ese texto de la carta a los Romanos hablándonos de la fe y de la esperanza de Abrahán lo que es la fe y la esperanza de san José. Duro y costoso fue para Abrahán el fiarse de Dios que le ponía en camino y le llenaba de promesas que no veía totalmente cumplidas y más aún cuando le pide incluso el sacrificio del hijo de la promesa. Pero Abrahán creyó cuando podía parecer que las esperanzas se desvanecían. Y como decía el apóstol, eso ‘le valió la justificación’. Qué importante mantener viva y firme nuestra fe, por muchas que sean las oscuridades con que nos encontremos en la vida. No podemos perder la fe ni la esperanza porque será lo que nos llevará hasta el final, lo que nos hará encontrarnos con la plenitud de Dios.

Es lo que vivió José. El tuvo también su pascua, el paso de Dios por su vida que tuvo que saber descubrir y ver para fiarse totalmente de Dios. José tuvo su pascua no exenta de pasión y de muerte en sí mismo para poder llegar a descubrir la luz que le daría plenitud. José vivió su pascua en silencio, pero alentado en ese paso de Dios por su vida porque Dios quería contar también con la colaboración de José para ese paso salvador de Dios en Cristo Jesús, el que que iba a aparecer como hijo de José, y en quien se iba a realizar la Pascua definitiva y eterna.

‘Era bueno’ nos dice el evangelio de José como una definición de su vida. Pero en ese ‘era bueno’ se encierran muchas cosas grandes del alma de José como su fe y su disponibilidad para Dios, así como su capacidad de sacrificio en el cumplimiento de su deber como padre y cabeza de familia de aquella familia que iba a ser la Sagrada Familia de Nazaret.

Cuando su corazón se vió turbado y su alma llena de dudas mantuvo su bondad y sus deseos de no hacer daño nunca a nadie, confiando que en medio de aquellas oscuridad un día podría aparecer la luz. Y la luz llegó a su vida con un angel enviado por el Señor en sus sueños, como un día un ángel viniera también a María para anunciarle a ella la Maternidad divina que se iba a gestar en sus entrañas, para anunciarle a José cuál era la colaboración que Dios le pedía en aquel Misterio de Salvación que se gestaba en las entrañas de María.

‘No temas’ anuncia siempre el ángel cuando viene de parte de Dios. Se lo dijo a María, se lo diría ahora a José, como se lo diría un día a las mujeres que fueron al sepulcro buscando al crucificado que ya estaba resucitado. Y es que Dios viene hasta nosotros no para el temor sino para la paz. En nuestra pequeñez y debilidad nos sentimos turbados y llenos de temor cuando aparece el misterio de Dios en nuestra vida, pero el paso de Dios siempre será para la paz, porque el paso de Dios por nuestra vida siempre nos estará manifestando lo que es el amor de Dios.

‘José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo’, le dice el ángel del Señor. ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra’, le había dicho Gabriel a María. ‘El Santo que va a nacer se llamará hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre’, continuaba Gabriel explicándole a María. Ahora el ángel le dirá a José que tendrá que actuar con la autoridad de padre porque ‘dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de los pecados’.

Autoridad de padre para ponerle el nombre, pero nombre que viene desde el cielo para significar la misión que tendrá el hijo, el Salvador, pero también la colaboración que José como padre tendrá que prestar en esa obra de la salvación. Así lo hemos expresado hoy en la oración ‘confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José’.

‘Cuando José se despertó, terminará diciéndonos el evangelista, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor’. Fue el principio de su colaboración en la obra de Dios. Fue el comienzo de su pascua, de ese paso de Dios por su vida, una vida llena de fe y animada por la esperanza. Era un alma de Dios en la que Dios se estaba gozando también por la disponibilidad y la grandeza de aquel corazón. Siempre disponible para Dios, para el sacrificio, para el amor, para vivir la pascua.

Mucho de muerte, de morir a sí mismo, tuvo que haber en su vida para saber seguir diciendo a Dios Sí aunque las tinieblas de la contrariedad y del sacrificio siguieran apareciendo en su vida. Será el traslado de Nazaret a Belén porque los caprichos de un emperador lejano quisieran hacer un censo para saber el número de los habitantes de su imperio. Oscuridad para José por el sacrificio que significaba para su vida y para María en el estado en que se encontraba. Pero detrás estaba el designio de Dios ya preanunciado por los profetas. El Mesías era hijo de David y en la ciudad de David habría de nacer. Por eso el conocimiento de las Escrituras que no podía faltar en José como en todo judío piadoso, le hacía ver luz detrás de aquellas oscuridades porque él descubría el designio de Dios.

Muerte en sí, como camino de pascua, era en José su pobreza, pero más aún la extrema pobreza en la que había de nacer el hijo de María, para quien no había sitio en la posada y tendría que nacer como el más pobre entre los pobres para ser reclinado en las pajas de un pesebre. Pero en su pascua José su vida se llenaba de luz con la contemplación de los ángeles que cantaban la gloria de Dios y de los pastores que venían a traer ofrendas contando lo que los ángeles les habían anunciado.

Camino de Pascua para José, como camino de Dios por su vida, sería la huída a Egipto para salvar la vida del niño, como luego su vida silenciosa en Nazaret a donde finalmente se retirarían. Dios que se manifiesta y llega a la vida del hombre en los momentos difíciles y oscuros que podrían llenarnos de incertidumbres y de dudas pero que cuando se mantiene firme la fe y la esperanza siempre se verán iluminados con la luz de Dios. También en la vida silenciosa de Nazaret, sin grandes ni especiales acontecimientos, Dios se hacía presente, - y de qué manera más maravillosa en la presencia de Jesús – y había que seguir teniendo los ojos abiertos y el corazón caldeado para ver y sentir esa presencia de Dios.

Es lo que hoy san José nos está enseñando, y bien necesitamos aprender la lección. Abrir los ojos para ese paso de Dios por nuestra vida. La verdadera pascua, la definitiva y eterna la tenemos en Jesús, verdadera pascua de Dios para nosotros en su muerte y en su resurrección. Pero esa pascua, ese paso de Dios hemos de irlo viviendo en el día a día de nuestra vida, en la que el Señor quiere seguir manifestándose a nosotros y también nos pide una colaboración, una respuesta de fe, de disponibilidad, de esperanza, de amor.

Miremos lo que es la realidad de nuestra vida diaria, con momentos buenos, pero también con momentos de dificultad, de problemas, de sufrimientos, de soledades, de oscuridades, pero sepamos avivar nuestra fe para descubrir cómo Dios está con nosotros; sepamos poner nuestra confianza en el Señor, toda nuestra esperanza en él, aunque esos vientos de oscuridad quieran apagar esa llama de esperanza, y vamos a encontrar la luz que Dios tiene especial para cada uno de nosotros. Nuestra vida nos puede parecer insignificante porque quizá no hacemos o no se nos han confiado cosas extraordinarias, pero en ese silencio de nuestra vida también está Dios, también actúa Dios.

San José es poderoso intercesor al que acudimos muchas veces en nuestras necesidades pidiendo su patrocinio y protección. No dejemos de hacerlo. Pero pidámosle por nuestra fe y por nuestra esperanza. Que su ejemplo nos ayude a avivar nuestra fe, a mantener viva nuestra esperanza.

Que con su intercesión gloriosa ante el trono de Dios - ¡cómo no va a ser poderosa su intercesión si está acudiendo a quien en la tierra lo llamaba a él padre y cuyo lado creció como hombre! – nos alcance ese don de la fe, ese regalo de la esperanza, esa disponibilidad de nuestro corazón, esa capacidad de sacrificio para el servicio y para el cumplimiento de nuestras responsabilidades, y también esa perseverancia final en una buena muerte de la que san José es también abogado y protector.

Si la casa de Nazaret, donde José era el padre de familia, fue como el seminario donde Jesús crecía en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres, pidamos a san José por nuestros seminarios donde se forman y se forjan en el espiritu los futuros sacerdotes, quer van a realizar la misma obra de Jesús y que necesitan crecer también en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres.

San José tuvo también su pascua, el paso de Dios por su vida, que él supo ver y aprovechar; que aprendamos de san José a descubrir nuestra pascua, ese paso salvador de Dios por nuestra vida y a vivirlo con generosidad de corazón.

Monday, December 20, 2010

Maravilla, milagro y locura de amor la Encarnación de Dios en las entrañas de María


Is. 7, 10-14;

Sal. 23;

Lc. 1, 26-38

Para lo inmenso e impresionante que se estaba realizando, el escenario y las circunstancias donde y cómo se desarrollaba era insólitamente sencillo y humilde. En el salmo hemos diccho ‘viene el Señor, es el Rey de la gloria’. Podríamos pensar y si es el Rey, ¿dónde lo podemos encontrar? Pero no lo vamos a encontrar en palacios.

Un pueblo pequeño e insignificante que podía llegar a ser el chascarrillo de los vecinos de otros pueblos, porque qué podía salir importante de semejante aldea como dirían los convencinos de Caná, cercana a Nazaret.

Una humilde casita que era poco más que una oquedad en la roca arreglada con alguna pequeña habitación que servía para todo; cuando uno se acerca hoy a la inmensa basílica de la Anunciación en Nazaret queda impresionado porque allá como en el subsuelo de tan impresonante edificación una semiderruidas paredes delante de una pequeña cueva en la roca nos señalan lo que era la casita de María de Nazaret y se siente uno deslumbrado por el misterio grande que allí se realizó, la Encarnación del Hijo de Dios en las puras entrañas de aquella humilde y sencilla doncella de Nazaret. Confieso que la visita a Nazaret y la casa de María ha sido una de las experiencias más hermosas de mi vida y que recordaré siempre.

Es lo que trata de describirnos el evangelio hoy. Una humilde doncella desposada con un pobre carpintero o artesano ante la que llega la embajada angélica para comunicarle los misteriosos y admirables designios divinos de querer hacerse hombre y encarnarse en las entrañas de María. No termina uno de comprender tal maravilla, tal milagro y tal locura de amor. Es como para quedarse extasiado ante la escena para no hacer otra cosa que cantar la alabanza del Señor para siempre.

Cuando nos estamos acercando a la Navidad es bueno que nos detengamos en silencio ante tal misterio y locura de amor. Tanto amó Dios al mundo, tanto nos ama Dios que ha querido hacerse hombre, ha querido hacerse Emmanuel para ser para siempre Dios con nosotros, y ha querido hacerse Jesús porque será para siempre también nuestro Salvador.

Nos viene bien recordarlo, meditarlo una y otra vez, rumiarlo allá desde lo más hondo de nosotros mismos para que lo tengamos tan presente que nada ni nadie nos lo haga olvidar; que nada pueda impedir que celebremos con gozo, pero desde lo más hondo de nuestra vida la Navidad que es Dios que está con nosotros porque por nosotros y por nuestra salvación se ha hecho hombre para ser nuestra redentor y salvador.

Creo que tal amor no lo podemos olvidar de ninguna manera y tal amor hemos de sentirle presente y en nosotros cada día de nuestra vida. Miramos y contemplamos ese misterio de Dios. Nos acercamos temblorosos quizá por tanto misterio y tanta grandeza porque no podemos olvidar lo grande que es Dios, pero al mismo tiempo con la confianza del amor porque de tal manera nos sentimos amados que en ese amor nos sentimos grandes nosotros que somos pequeños, nos sentimos hijos los que vamos a ser rescatados del pecado, nos sentimos impulsados a la santidad los que vamos a ser purificados de nuestro pecado por la sangre redentora de su Cruz.

Pero de nuevo miramos a María, la que se siente la última, la esclava, la pequeña pero que reconoce las cosas grandes que Dios hace en ella. Miramos a María y contemplamos su disponibilidad y su amor, la apertura de su corazón a Dios, y la alabanza y la acción de gracias a Dios con la que le canta desde un corazón agradecido y engrandecido porque reconoce que el Poderoso ha hecho obras grandes en ella.

Aprendamos de María, copiemos a María en nuestra vida reflejando sus virtudes y sus actitudes profundas, queriendo cada día parecernos más a ella por cuando se nos ha dejado como madre, y los hijos siempre imitan a la madre.

 

FREE HOT VIDEO 1 | HOT GIRL GALERRY 1

FREE HOT VIDEO 2 | HOT GIRL GALERRY 2

FREE HOT VIDEO 3 | HOT GIRL GALERRY 3

FREE HOT VIDEO 4 | HOT GIRL GALERRY 4

FREE HOT VIDEO 5 | HOT GIRL GALERRY 5

FREE HOT VIDEO 6 | HOT GIRL GALERRY 6

FREE HOT VIDEO 7 | HOT GIRL GALERRY 7

FREE HOT VIDEO 8 | HOT GIRL GALERRY 8

FREE HOT VIDEO 9 | HOT GIRL GALERRY 9

FREE HOT VIDEO 10 | HOT GIRL GALERRY 10

FREE HOT VIDEO 11 | HOT GIRL GALERRY 11